Sobre la Dualidad


El concepto filosófico de dualidad se basa en la contraposición de los opuestos, podemos citar el frío y el calor, la luz y la oscuridad o el bien y el mal, por ejemplo.

Cito estos tres ejemplos porque Einstein disertó sobre ellos explicando que el frío no existe, que simplemente es la ausencia de calor, puesto el calor es la energía que puede cuantificarse y el frío no. Lo mismo dijo sobre la oscuridad, no existe porque llamamos oscuridad a la ausencia de luz, que es la que puede descomponerse e iluminar la oscuridad. A partir de este razonamiento Einstein afirmó que ocurre lo mismo con el bien y el mal, el bien existe y el mal simplemente es la percepción de su ausencia.

En la masonería podemos encontrar esta dualidad confrontando nuestro mundo sagrado y nuestro mundo profano. Aplicando el razonamiento de Einstein podemos llegar a la conclusión que el mundo profano no existe, que simplemente es la ausencia del mundo sagrado que atiende a la realidad última o verdadera.

Pensando en el trabajo masónico sabemos que nuestro objetivo es transmutar lo profano por lo sagrado, sabemos que los límites simbólicos de nuestro mundo sagrado, el templo, abarcan tanto nuestro cuerpo cómo la totalidad del Cosmos. Por tanto podemos deducir que no debemos conformarnos aceptando esta realidad dual y ser meros observadores de la misma. No debemos conformarnos existiendo en dos realidades paralelas, la sagrada un día al mes y la profana los días restantes. Cabe quizás plantearnos ir más allá y superar esta dualidad a partir de la integración de estas dos visiones del mundo.

El ideal masónico nos enseña a seguir el camino de la virtud, que es el paso de la oscuridad a la luz, o de la nada al todo, o de la no existencia a la existencia, como diría Einstein. Por tanto el reto de convertir todo lo profano en sagrado se nos presenta cómo uno de nuestros grandes objetivos o quizás como una gran oportunidad para ennoblecer nuestro espíritu y el de toda la humanidad.

Memfis