LOS CUATRO ELEMENTOS



Los cuatro elementos como todos sabemos son LA TIERRA, EL AGUA, EL AIRE Y EL FUEGO; a pesar de que en tradiciones Orientales se añadirá un quinto elemento a los anteriores EL ETER o quintaesencia como también es conocido en la antigua Grecia, en nuestra cultura son los cuatro elementos indicados en principio los que hemos de tener en cuenta a pesar de que tampoco nos sea del todo ajena la adición de un quinto elemento.

En ningún momento debemos caer en la tentación de identificar plenamente a los elementos con la realidad física representada por su nombre, es en el aspecto metafísico como hemos de contemplarlos, el mismo Fulcanelli nos advierte que: “los mismos filósofos certifican que jamás hablan tan oscuramente como cuando parecen expresarse con precisión. Su claridad aparente engaña a quienes se dejan seducir por el sentido literal, sin querer asegurarse de si concuerda o no con la observación, la razón y la posibilidad de la naturaleza”. Es en ese sentido como pasaré a contemplarlos en este escrito, a pesar de que en mi referencia al antiguo Egipto, el País de la gran magia, no hemos de olvidar nunca que siempre las referencias lo son a elementos físicos que se identifican con el entorno vivido por aquella cultura, pero la significación lo es también metafísica y de una profundidad que creo sinceramente nunca superada.

Los cuatro elementos al igual y junto con los tres principios conforman uno de los mayores misterios de la Gran Obra alquímica, y de una u otra manera también nos es dado el contemplarlos en otros misterios que nos han sido transmitidos. Así podemos aplicarlos a la elaboración sacerdotal Heliopolitana, allá en el antiguo Egipto, mucho antes de lo que muchos de nosotros podemos llegar ni siquiera a imaginar. Con otro nombre pero con la misma fuerza simbólica, nos encontramos con las dos parejas de hermanos-esposos OSIRIS, ISIS, SET Y NEFTIS, tradición que por antigua no nos resulta desconocida y de la que de una u otra manera van a nutrirse otras tradiciones posteriores, tampoco la figura del quinto elemento resulta extraña a la tradición Heliopolitana, pues ya se encontraba elaborada en la figura de HORUS, el hijo vengador de su padre OSIRIS.

ISIS la Magna Mater, La Etíope, el claustro materno generatriz, que se identifica planamente con el elemento TIERRA Alquímico, que decir de este elemento que no resulte repetitivo, es María que ha de engendrar al HIJO, que ha de ser fecundada pero se nos dice que lo fue por el oído. Aunque aquí en el antiguo Egipto, en la ciudad de OM o ANNU, posteriormente llamada por los Griegos Heliópolis, Isis es la tierra, pero no toda la tierra, sólo esa parte próxima al Nilo y que será inundada en su crecida, siendo cubierta y fecundada por el agua vivificadora.

OSIRIS lo húmedo, lo verde, representa todo lo que es fértil y generador de vida, se identifica con el elemento AGUA, agua vivificadora que impregnará la tierra para engendrar la vida. No en vano estamos hablando de una tradición creada en el antiguo Egipto, el País de las dos orillas, el País del NILO, el río que significaba la generación de vida más que ninguna otra cosa, y que de forma cíclica inundaba la tierra de sus orillas permitiendo así el cultivo y germinación de las semillas enterradas en la tierra dotada de esta manera de la suficiente humedad.

SET lo seco, opuesto a Osiris, se identifica con el elemento FUEGO Alquímico, está representado por el desierto lo que es seco y estéril, Set que será identificado con lo malo por su oposición a su hermano Osiris, pero elemento esencial en la Gran Obra ya que sin el fuego nada puede ser realizado, no en vano el fuego es considerado como un elemento de doble naturaleza una destructora y otra regeneradora, pero es el régimen del fuego una de las claves por no decir la principal de la consecución del Opus Alquímico, en todo caso algo si parece estar muy muy claro, sin fuego no hay transmutación posible. No debemos caer en la tentación de identificar al fuego con lo maligno, es decir, con las fuerzas destructoras, pensemos que de la muerte nace la vida, y que el fuego es el elemento purificador por excelencia, purifica y por tanto quema las impurezas permitiendo separarlas de lo puro que de esta manera se ve aumentado y potenciado al ser librado del lastre que tenía.

Por último NEFTIS lo volátil, la esposa-hermana de Set, que se identifica con el elemento AIRE Alquímico; Neftis que ayudará a su Hermana Isis en la búsqueda de los fragmentos de Osiris asesinado y desmembrado por SET, Neftis la silenciosa de la que poco casi nada se dice, los antiguos Egipcios la representaban con su tocado particular consistente en un recipiente en forma de copa.

A lo esbozado puede añadirse un comentario de Fulcanelli a la respuesta de Mefistófeles en el Segundo Fausto. “dice Mefistófeles: te parecerás al espíritu que concibes”. Señalando el Adepto “lástima para quien no concibe más que un espíritu petrificado, y no una Piedra viviente.

Quisiera rememorar en este momento a nuestro muy querido César, y que en la contemplación de la tradición de Heliópolis, en su meditar en el oratorio expresado de viva voz decía: “Maestro, no permitas que duerma en los brazos de Neftis, despiértame”.

Para terminar quiero hacerlo con una doctrina hermética y que dice así: “La sustancia húmeda que desde los orígenes ha sido el principio generador de todas las cosas, produjo en el comienzo los tres primeros elementos sustanciales: la tierra, el aire y el fuego”.

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