EL CINCO, LA QUINTAESENCIA Y LA CRUZ


Es mi intención abordar el estudio de los cinco primeros números a través de un símbolo de todos conocido la cruz griega de brazos iguales y desde una perspectiva más concreta como es el mundo hermético, tradición como todos sabéis muy vinculada al esoterismo europeo y al arte alquímico de la transmutación de los metales. 

En un texto alquímico se puede leer “Uno se convierte en dos y dos se hacen tres; y a través del tercero, el cuarto realiza la unidad. Así los dos no forman más que uno” (Philosophus Cristianus, Collec. dels alchimistes Grecques, Tomo II, 284; París 1887). 

Ni que decir tiene que se nos ha transmitido en ese texto una enseñanza que hemos de estudiar para realizar una aproximación al símbolo. Por un lado tenemos el uno y el dos, “uno se convierte en dos…”; es una clara referencia al increado y su creación, el uno o principio activo del que todo surge y el dos lo creado, expresado de otra manera el uno y lo diverso, ambos situados no como principios enfrentados sino formando parte de un todo que es el uno sin dos como nos dicen los cabalistas. Pero esta dualidad vista desde nuestro entendimiento no podemos proyectarla sino sobre el Universo en su conjunto, fuera de nuestra realidad, poco o nada somos capaces ni siquiera de imaginar o intuir, mucho menos de asimilar o comprender. 

Pues bien, ese dos en el espacio creacional, o sea, nuestro universo; se conforma como dos realidades o principios, como dije aparentemente enfrentados como los principios Ying y Yang Orientales o las fuerzas fundamentales de creación y destrucción occidentales o el solve y el coagula alquímicos, así concebimos al uno y al dos que conforman la dualidad como dos entes o realidades distintas y a cada una de ellas le asignamos unos valores, a partir de ese momento hablaremos de lo de arriba y lo de abajo, el cielo y la tierra, lo seco y lo húmedo, y tantas y tantas dualidades de las que somos plenamente conscientes; en la tradición hermética, como en otras muchas, se realiza una separación entre lo de arriba y lo de abajo, lo ascendente y lo descendente; lo masculino y lo femenino, entendidos no como género o conformación sexual (que también), sino como principios o fuerzas fundamentales. 

“…Dos se hacen tres…” continua el texto, o lo que es lo mismo de la unión de esas dos fuerzas principios surge un tercero, que es distinto a cada uno de sus progenitores; gran misterio que conforma uno de los grandes interrogantes que se plantea el ser humano. Y ese tercero no se queda quieto, pasivo e inmóvil sino que reconvierte todo a la unidad. Lo que nos plantea otro gran interrogante, si cabe, aún más misterioso que el anterior. 

A estas alturas ya debe estar clara mi intención o aproximación al símbolo que da origen al trabajo y que es mi planteamiento original y la relación con la tradición elegida para su contemplación. Pues bien, desde muy antiguo en la tradición hermética se ha representado al principio femenino en su relación con el principio masculino como un trazo horizontal (-), simbolizando la idea de lo yaciente, como las aguas. Del mismo modo al principio masculino en su relación con el femenino se le representa como un trazo vertical (|), simbolizando lo que se mantiene por si mismo. De esta manera el tres o unión de los dos nos da una cruz (+) expresando la idea de que el tres son los dos que se entrecruzan. Es la tríada, idea expresada mediante múltiples símbolos en la tradición hermética, así será ora tres serpientes coronadas o que surgen de tres corazones (Basilio Valentino); o tres serpientes que salen de una copa que el Andrógino sostiene en una mano, mientras con la otra sujeta una sola serpiente (Rosarium Philosophorum), y otras muchas hasta la triple dignidad del primer maestro de esta tradición, Hermes Trimegisto. 

Pero la cruz nos lleva de los dos que hemos contemplado y de los tres de su unión, a los cuatro expresado en sus radios que desde un punto central se expanden en las cuatro direcciones. La cruz entonces pasa a ser la cruz de los elementos, con el fuego arriba, la tierra abajo, a la derecha el aire y a la izquierda el agua. Así el punto central de la cruz expresará el punto de unión de los cuatro elementos y la fuente o manantial del que fluyen, conformando lo que en alguna tradición ha sido configurado como la quintaesencia y expresado como el elemento éter; o principio incorruptible y simple de vida y nexo de unión. Della Riviera dirá que “cuando al héroe mágico le sea conocido y evidente el simbólico punto central de la cruz, entonces es raíz y origen de todas las maravillas mágicas”. 

En fin hermanos no quiero resultar pesado, tan sólo expresaros que descendiendo a un terreno más práctico y operativo que no especulativo, la cruz con toda la carga simbólica expresada, la veremos, en la simbología alquímica generalmente unida a otros elementos, pensad en el azufre cuyo símbolo es un triángulo ascendente, es decir, con el vértice hacia arriba y debajo del triángulo, unido al mismo, una cruz; expresando el fuego dominando sobre los elementos; o el mercurio, por supuesto no el originario, simbolizado con una luna sobre un círculo y a su vez unido por debajo una cruz, expresando el estado de los elementos en una naturaleza que subyace a la ley lunar; diferente del mercurio doble que sustituye la luna por el símbolo de aries que representa el azufre en estado puro… pero la distinción entre los distintos mercurios es ya otra historia y prefiero parar aquí en el número cinco sin seguir por el momento más allá.-

Annu