Sobre La Cábala


La Cábala es esa vertiente de la tradición mística del pueblo judío que surgió en Provenza en el siglo XII, fruto de los incesantes conflictos religiosos que azotaron el occidente cristiano  durante el siglo XI, entre los que destaca el catarismo.
A diferencia de la mística cristiana y musulmana que pretende llegar a la unión con la divinidad a través de la vía ascética, la Cábala se propone sobretodo alcanzar un conocimiento de Dios lo más aproximado posible. Su estudio se centra en la creación y todo cuanto le rodea, como punto de partida de quien se nos revela a través de sus obras. Pero esta investigación  no se fundamenta en la observación del mundo físico, sino en el estudio de la Ley (la Torá) en su doble variante: la externa y la interna, o si se prefiere, como un hecho exotérico y esotérico.
Dios creó el mundo con la palabra y las letras del alfabeto que son vistas como elementos espirituales de la creación. Así el nombre de Dios representa la totalidad de las posibilidades manifestadas. La mayor preocupación de los cabalistas fue la de explicar el proceso de revelación de Dios y para ello desarrollaron la teoría de las sefirot, la emanaciones divinas.
Estas emanaciones se entienden como grados de la creación y son designadas según los atributos a través de los cuales Dios actúa en el mundo, sin embargo no pueden ser entendidas como entes independientes, sino como fuerzas integradas en una sola.
El punto de partida es el En Sof, lo infinito. Este concepto fue definido como lo inaccesible al pensamiento. La creación del mundo, es decir, la transformación de la Nada en materia, es algo que ocurre dentro de Dios mismo. El primer paso de esta transformación es el brotar de la luz suprema que convierte el En Sof en Ain, la Nada, que es la primera emanación divina o Sefirah. Dios crea mediante la palabra, acto que supone la materialización de lo que ya existía en forma de pensamiento en el seno de la Sabiduría Divina.
Hasta aquí se han exprimido las tres primeras sifirot: Keter (Corona), que el Zóhar denomina Rason (Voluntad), símbolo del En Sof trasformado en Ain, de ella parten Binah (inteligencia) y Hokman (sabiduría, atributos femeninos y masculinos respectivamente. Entre estas dos últimas suele representarse Da’at (Conocimiento), aunque no se considera de hecho una emanación, sino que representa un punto intermedio entre ambas.
De ellas surgen Gevurah (Rigor, llamada también Din (Juicio) y su opuesta Hessed (Clemencia); por debajo de ellas están Hod (Majestad) y Nesah (Duración), Rahamim (Misericordia), llamada también Tif’eret (Belleza) ocupa un lugar central, en el que se unen todas ellas. Por debajo de ellas está Yesod (Fundamento)o base de las fuerzas activas de la divinidad, denominada también Saddiq (Justo). La última emanación es Malkut (Reino), símbolo de la Comunidad de Israel, e identificada con Sekinah, la Divina Presencia, con la que se establece el vínculo con el mundo[1].
Como en toda transmisión o tradición espiritual, el núcleo interno de la Cábala no puede enseñarse intelectualmente porque sólo cabe interiorizarla, experimentarla y hacer de ello una forma de vida. De hecho, muchos cabalistas explican que la Cábala no se aprende sino que se recuerda dado que, en esencia, se trata de recuperar el estado de intimidad con Dios que poseía la Humanidad o el Hombre arquetípico (Adán) en el Paraíso antes de la Caída. El núcleo más interno de la enseñanza se simboliza en la transmisión del Nombre secreto de Dios como la más alta y comprensible manifestación de la divinidad. Más allá de ello, la experiencia es inefable, no verbal, y no puede ser comunicada o enseñada sino vivida y experimentada[2].
A partir de esta definición en la que podemos destacar la dualidad hombre-Dios deducimos la existencia de la separación de ambos y el deseo humano de restablecer la antigua unión. El conflicto por aportar luz a la dualidad entre el mundo inteligible y el mundo sensible se repite a lo largo del pensamiento conocido con el nombre de “Filosofía Perenne” que engloba múltiples tradiciones filosóficas, místicas e iniciáticas.
Debemos tener presente que ambos mundos están religados, puesto que de lo contrario el uno no tendría conciencia de la existencia del otro. Henry Corbin definió como “Mundus Imaginalis” esa realidad intermedia que reúne lo sensible y lo inteligible, a Dios y el hombre.
En este mundo intermedio es donde lo espiritual se representa e imagina, y lo material se espiritualiza. En el “Mundus Imaginalis”  lo simbólico es el mediador por excelencia y el símbolo la representación sensible de la realidad inteligible que salva la escisión de ambos mundos, el de arriba y el de abajo.
El Zohar o Libro del Esplendor, que es un extenso comentario al Pentateuco y a la Torah nos dice que todas las cosas son desde la perspectiva de quien las recibe, “todo esto se dice desde nuestro punto de vista, y todo es relativo a nuestro conocimiento”.
Efectivamente, “el símbolo traduce, interpreta y representa lo espiritual en función de una conciencia, por tanto es un elemento funcional siempre en relación con la persona que lo vive, experimenta e interpreta”[3].
En este sentido la Cábala y su Árbol Sefirótico también son simbólicos y habitan en el “Mundus Imaginalis”. Los sefirots son la manifestación de Dios que permiten la mediación entre Él y el mundo. Su función es dar respuesta al problema de la mediación entre lo sensible y lo inteligible.
El Árbol Sefirótico también establece una cadena entre el arriba y el abajo con el propósito final  que el cabalista o místico pueda alcanzar la visión del “rostro de Dios”, Conocer “el nombre de Dios” y gozar de su presencia.
 “En todo caso la contemplación de Dios es considerada una experiencia renovadora y radical que mata al hombre viejo y lo transforma en hombre nuevo[4]”.
El símbolo es la representación sensible de una realidad inteligible.
El símbolo se encuentra en una realidad intermedia entre lo puramente sensible y lo puramente inteligible. En esta zona lo espiritual se representa e imagina y lo sensible se espiritualiza. La experiencia simbólica tiene lugar cuando el contenido interiorizado conecta o guarda relación con aquel que intenta asumirlo.
El símbolo es inagotable puesto que es asumido por cada intérprete que intenta desvelarlo y este lo hará en función de sus conocimientos y conciencia.
Lo simbólico es lo mediador por excelencia, lo que religa el ámbito inteligible y el sensible, lo de arriba y lo de abajo, es lo que permite que lo intangible llegue hasta lo material y sensible.
Lo simbólico salva la escisión entre lo sensible y lo inteligible.
El símbolo traduce, interpreta y  representa lo espiritual en función de una conciencia, por tanto es un elemento funcional siempre en relación con la persona que lo vive, experimenta e interpreta.
Dios creó el mundo con la palabra, y las letras del alfabeto que son vistas como elementos espirituales de la creación. Así el nombre de Dios representa la totalidad de las posibilidades manifestadas. La mayor preocupación de los cabalistas fue la de explicar el proceso de revelación de Dios y por eso desarrollaron la teoría de las sefirot, la emanaciones divinas.
Las sefirots son la manifestación de Dios, el proceso por el que este se despliega y se da a conocer. Puesto que Dios es incognoscible las sefirots son los símbolos que permiten la mediación entre Él y el mundo. Por tanto la función de la Sefira es dar respuesta  al problema de la mediación de lo inteligible y lo sensible. El Árbol Sefirótico establece una cadena entre el Arriba y el Abajo en que las tres primeras esferas representan el proceso de la génesis de lo inteligible y su movimiento, la triada  siguiente, denominada (Pequeño Rostro) es a su vez una mediadora por la que el Gran Rostro empieza a manifestarse. Si la segunda  triada  es la manifestación simbólica de la primera, la tercera lo es de la segunda. Siendo la última esfera Malkut la culminación del proceso de manifestación de lo divino[5].



[1] El Zohar. Ediciones Obelisco. Barcelona 2016
[2] Javier Alvarado Planas. Historia de los métodos de meditación no dual. Madrid. 2012.
[3] José Antonio Antón Pacheco. Symbolica Nomina. Barcelona. 1988.
[4] Javier Alvarado. Op cit.
[5] José Antonio Antón Pacheco. Op. Cit.

El silenci


El silenci és una de les primeres coses que s’ensenya a l’aprenent maçó en la seva iniciació; ja de bon principi, en la cambra de reflexió trobem que hem d’observar i pensar sobre allò que tenim al davant en silenci. Aquest fet resulta al principi impactant, però de seguida s’entén la seva importància. El silenci de l’aprenent mai s’ha d’entendre com una mostra d’autoritarisme o menysteniment; el silenci és necessari per poder escoltar en atenció el que diuen els germans i no distreure’s dels treballs de la lògia, i aquesta atenció i contenció de l'impuls de parlar és indispensable per avançar en el procès d’aprenentatge dels nous maçons; també per ser tolerants en tot allò que es diu i s’observa, i en la interiorització de que s’està treballant de forma col·lectiva per tal que cadascú de nosaltres ho aprofiti individualment. Podem dir que el silenci de l’aprenent te una naturalesa dual: Silenci per escoltar-se a un mateix i fugir del soroll superficial del mon profà, que ens dispersa i ens impedeix la concentració necessària per aprendre i observar correctament, i el Silenci per escoltar als demés, que ens permet als aprenents reflexionar i assimilar de forma adequada les paraules dels germans. 

El silenci ha de ser també una peça clau en el nostre comportament en tots els àmbits; sempre és millor callar si no sabem bé el que hem de dir, o en quin moment ho hem de fer; de la mateixa manera no hem de parlar fins que no siguem capaços de controlar les passions, i que no siguin aquestes les que marquin les nostres paraules, ja que d’aquesta manera només s’aconsegueix ofendre i fer mal a l’interlocutor, però també ens farem mal a nosaltres mateixos.

En aquest sentit ja el gran filòsof i matemàtic Pitàgores va dir que cal mantenir-se callat i només parlar si allò que es va a dir és millor que el silenci que es trenca. Val a dir que tan Pitàgores com Zoroastre tenien previst un període de silenci pels seus aprenents de 3 anys.

Ja en les primeres lògies a Escòcia i Anglaterra es va definir la necessitat de mantenir silenci i respecte en els treballs que es desenvolupaven, i ben aviat es va constatar la necessitat que els treballs es fessin en edificacions adequades per mantenir aquesta solemnitat i silenci indispensables. Ja a partir del segle XVIII i en endavant, s’estableix la tendència creixent i majoritària de mantenir durant els treballs de la lògia un ambient de silenci i solemnitat, encara que al principi no totes les lògies seguien aquests preceptes.

Aquest enfocament cap al respecte i la solemnitat va ser descrit bellament pel filòsof maçó Walter Leslie Wilmshurst explicant la seva lògia ideal:

«Seria un santuari de silenci i contemplació, només interromput per les manifestacions cerimonials o paraules competents i lluminoses expressades pels mestres. I com més alt sigui el grau, més profund i solemne serà el sentit d’excloure tots els pensaments i interessos temporals, i apropar-nos més a la llum principal que obre l’activitat dels nostres cors i que ha de ser el nostre desig més important. En aquestes circumstàncies cada reunió de la lògia esdevindrà una profunda experiència espiritual. Cap membre desitjarà destorbar l’harmonia de la lògia per parlar de pensaments aliens»

Molts autors maçònics que han tractat el tema coincideixen en aquest sentit, que el silenci, l’ordre i la seriositat son necessaris per poder realitzar correctament els treballs esotèrics de la lògia, i que aquest silenci distingeix les reunions maçòniques de les profanes, i segons el Diccionari Enciclopèdic de la Maçoneria de Lorenzo Frau Abrines, el silenci és: «una obligació que hem d’observar dintre i fora de la lògia».

El silenci no consisteix únicament en no emetre paraules, el silenci és molt més que això, els maçons em d’aprendre a mantenir-nos en silenci també interiorment, perquè només quan mantenim callat el pensament se’ns pot manifestar la Veritat, que necessita aquest silenci per que la puguem interioritzar de forma íntima i profunda. 

La importància del silenci queda molt ben expressada en la presentació del llibre «El silenci Maçònic» del G.·. Josep Lluís Domènec Gómez: 

«Vivim en un món ple de so, de paraules insignificants, vàcues i buides de contingut, retòricament intempestives i banals, on la verbalització és la regla i el silenci l’excepció, que ens invita velada i subliminalment, a l’exercici de moderar el verb fins i tot sense tenir-ne el propòsit. En una època en que qualsevol indocumentat pot imaginar-se que és un savi, sense quasi-bé pensar en el que està dient i des de les moltes plataformes que la societat moderna ens brinda i posa al nostre abast, apareix de manera subtil davant dels nostres sentits, l’opció de l’art de callar i guardar un discret silenci».

Abundant en aquesta reflexió, tot i que vivim en la societat de la informació i tots tenim accés a milers de documents mitjançant internet, hi ha moltes coses que no es poden ensenyar per aquests mitjans: l’experiència iniciàtica, la transformació que es te per la participació en els rituals, l’amor fraternal que es deriva del treball esotèric, la tolerància i la llibertat de consciència només s’aprenen en els treballs de lògia. D’aquí la importància del silenci per obtenir el resultat adequat de tot aquest aprenentatge.

Com a reflexió personal, voldria afegir que com a profà sempre havia tingut la intuïció de la importància del silenci en la vida i en les relacions entre les persones; molts cops, quan el discurs d’alguna persona em semblava especialment bo, o el seu comportament en un debat transmetia seguretat i coneixement, després d’analitzar-ho descobries que aquesta impressió venia molts cops de la gestió dels silencis que feia aquesta persona, de parlar poc però de forma acurada i en coneixement d’allò que es diu. Ja com a maçó te n’adonés que aquesta manera de fer forma part del procès d’aprenentatge en que estem immersos, i l’elaboració d’aquesta planxa m’ha permès conèixer les raons profundes de tot plegat. Personalment em desagraden els debats desordenats i les paraules irreflexives o irrespectuoses que escoltem molts cops en els mitjans, i pronunciades malauradament molts cops per persones que son referents de la societat. En conseqüència em sento molt a gust seguint les pautes que se’ns marquen als aprenents de mantenir-nos en silenci, escoltant i interioritzant el que sentim en la lògia.

Com a resum de la importància del silenci vull fer esment de diverses dites i reflexions de persones de referència o bé que ens ha llegat la història:

El savi rabí Akiva, filòsof del segle primer i persona cabdal en la creació del judaisme modern va dir: «El silenci és la tanca de defensa de la saviesa»

L’humorista argentí Quino va dir: «No cal dir tot el que es pensa, però si que cal pensar tot el que es diu»

L’autor William Shakespeare va dir: «És millor ser rei del teu silenci que esclau de les teves paraules»

I finalment, Abraham Lincoln va dir: «Més val mantenir-se callat i que sospiten de la teva niciesa, que parlar i treure de dubtes»

L'origen de la llegenda d'Hiram Abi



La “Nueva perla preciosa” és un tractat alquímic del segle XIV de  Petrus Bonus. El  llibre està il·lustrat amb un seguit d’imatges que simbolitzen la realització de la Gran Obra en tres fases. Com es pot apreciar en la imatge, la seqüència segurament pot estar inspirada en l’assassinat i  resurrecció d’Osiris. Javier Alvarado Planas, al seu llibre, altament recomanat, "Apercepciones sobre la iniciación masónica" considera que el mite d'Osiris  i aquestes imatges poden ser inspiració de la llegenda d’Hiram Abi.

Discurso de Hermes Trismegisto


Si no puedes igualarte a Dios no lo puedes comprender: pues sólo lo semejante comprende a lo semejante. Crece hasta ser de una grandeza inmensa, sobrepasa a todos los cuerpos, elévate por encima de todos los tiempos, transfórmate en eternidad. Entonces comprenderás a Dios. Imprégnate con el pensamiento de que para ti nada es imposible; considérate como inmortal y capaz de comprenderlo todo, las artes, las ciencias y la naturaleza de todo lo que vive. Sube más alto que toda altura, desciende más bajo que toda profundidad. Reúne en ti las sensaciones de todo lo creado: del fuego y del agua, de lo seco y lo húmedo; imagina que estás en todas partes al mismo tiempo: sobre la tierra, en el mar, en el aire; que aún no has sido creado; que estás en el seno materno; que eres adolescente, anciano; que estás muerto y más allá de la muerte. Si puedes abarcar todo eso a la vez en tu conciencia: tiempo, lugares, acontecimientos, calidades, cantidades, entonces comprenderás a Dios. Pero si mantienes a tu alma prisionera en el cuerpo, si la rebajas constantemente diciendo: No comprendo nada, no puedo nada, temo al mar, no sabría elevarme hasta el cielo, no sé lo que he sido, ni lo que seré, entonces ¿qué tienes que ver con Dios?
Hermes Trismegisto

LOS DISCURSOS DE ANDREW M. RAMSAY (1736 - 1737)



Discurso del Señor caballero de Ramsay pronunciado en
la logia de San Juan el 26 de Diciembre de 1736.

[...] Los hombres, fundamentalmente, no se diferencian por las lenguas que hablan, las ropas que visten o los rincones de este hormiguero que habitan. El mundo entero no es más que una gran república, en la cual cada nación es una familia y cada individuo un niño. Señores, nuestra sociedad se estableció para hacer revivir y propagar las antiguas máximas tomadas de la naturaleza del ser humano. Queremos reunir a todos los hombres de gusto sublime y de humor agradable mediante el amor por las bellas artes, donde la ambición se vuelve una virtud y el sentimiento de benevolencia por la cofradía es el mismo que se tiene por todo el género humano, donde todas las naciones pueden obtener conocimientos sólidos y donde los súbditos de todos los reinos pueden cooperar sin celos, vivir sin discordia, y amarse mutuamente. Sin renunciar a sus principios, desterramos de nuestras leyes todas las disputas que pueden alterar la tranquilidad del espíritu, la delicadeza de las costumbres, los sentimientos afectuosos, la alegría legítima, y aquella armonía absoluta que sólo se encuentra en la eliminación de todos los excesos indebidos y de todas las pasiones discordantes.[...].

LA PALABRA PERDIDA


Según Rene Guenon “La Palabra Pérdida” es un símbolo que alude a la pérdida del conocimiento que la humanidad poseía en el tiempo mítico del Paraíso Terrenal. Se trata en cualquier caso de un oscurecimiento paulatino en el cual el paso del tiempo ha ido desvaneciendo la Tradición y el recuerdo del Estado Primordial. En cierta manera la búsqueda de la Palabra Pérdida de la masonería puede compararse con la búsqueda medieval del Santo Grial puesto que ambas son manifestaciones del deseo de retorno al estado primigenio.

La pérdida del antiguo conocimiento dio lugar al nacimiento de nuevas espiritualidades que se afanaron en buscar la verdad a través de lo que la masonería establece con el nombre de “palabras sustitutorias”, y que son simples ecos de ese antiguo conocimiento. Podemos poner de ejemplo el Caldero Celta de la Inmortalidad, que seguramente siguió estos pasos sustitutorios y a través de la apropiación que hizo el cristianismo se convirtió en el Santo Grial que recogió la sangre de Cristo y que actualmente representamos con el vino ceremonial que a su vez también proviene de tradiciones más antiguas puesto que era el símbolo dionisíaco más significativo. 

En la Tradición Hebrea la pérdida de la Palabra Sagrada, que era la del verdadero nombre de Dios, se sitúa durante la destrucción del Templo de Salomón y la dispersión del pueblo judío. En la tradición masónica la pérdida de la palabra se relaciona con la muerte del arquitecto Hiram-Abi que era junto al Rey Salomón y al Rey de Tiro Hiram los únicos que conocían sus sílabas por separado y solo ellos tenían el poder de pronunciarlas de manera que la ausencia de uno hacía imposible esta comunicación. Según Rene Guenon la Palabra Sagrada se escribe normalmente con 4 letras y se pronuncia con tres sílabas. De esta manera podemos comprender que una logia no puede abrirse sin el concurso de los tres maestros que recuerdan las tres sílabas sagradas y los tres vértices del triángulo pitagórico.

La pronunciación del verdadero nombre tetragramático, en los tiempos bíblicos fue sustituido por el de Adonaï. Guenon considera que una forma correcta para dicho nombre es Jehová y a pesar que no se conoce su verdadera pronunciación cree que es mucho más aproximado que Yahvé que es más moderno y solo posee dos sílabas.

En la tradición Hebrea no se permite invocar el nombre verdadero de Dios, se considera una osadía imperdonable y un acto de máxima soberbia porque conocer este secreto permite conseguir un poder inmenso al adquirir las características de lo nombrado y por tanto poder sobre él. En este sentido podemos recordar a Lilith que pronunciando enfadada el nombre mágico de Dios se elevó sobre los aires y huyó del paraíso. También podemos recordar a Isis cuando se las amañó para conseguir el nombre secreto del dios Sol con el fin de que ella y su hijo Horus ascendiesen en dignidad situándose más cerca de él en la cúspide del panteón.

En palabras de Henri Corbin el drama común a todas las "religiones" del Libro, o mejor dicho, a la comunidad que el Qorán designa como Ahl al-Kitâb, la comunidad del Libro, que engloba a las tres grandes ramas de la tradición abrahámica (Judaísmo, Cristianismo e Islam), puede ser designado como el drama de la "Palabra perdida". En efecto, todo el sentido de la vida está centrado para esta comunidad en el fenómeno del Libro santo revelado, en el sentido verdadero de este Libro; ahora bien, el sentido verdadero es el sentido interior, oculto bajo la apariencia literal, y desde el momento mismo en que los hombres desconocen o rechazan este sentido interior mutilan la integridad del Verbo, del Logos, y comienza el drama de la "Palabra perdida".

En este artículo hemos asociado la Palabra Perdida a la caída del hombre en su expulsión del Paraíso bíblico. De todos es conocido que la vía iniciática es un camino de retorno hacia él; una senda que nos obliga a transitar de las tinieblas a la luz como si de una escuela de aprendizaje se tratara.

La Tradición  nos enseñan a no conformarnos con ser meros espectadores de este drama y nos invita a sembrar y labrar las bondades del mítico paraíso en nuestra actual sociedad, combatiendo la injusticia para favorecer la restauración de libertad, la igualdad y la fraternidad entre todos los seres humanos.

Amor platónico


Entre los comensales de “El Banquete” de Platón se encontraban Agatón que era el anfitrión; el joven Fedro; el medico Eriximaco; Pausianas que era un hombre adulto y experimentado; Aristófanes, que era un poeta cómico y el citado Sócrates que era el filósofo más reputado de su tiempo. Todos ellos acordaron hablar sobre el amor. 

Fedro fue el primero en hablar y afirmó que el Amor es un dios, concretamente el dios que hace más bien a los hombres porque no consiente la cobardía a los amantes y les inspira abnegación. Es como un principio moral que gobierna la conducta sugiriendo a todos la vergüenza del mal y la pasión por el bien. Es el dios que procura la felicidad del hombre, en cuanto le hace dichoso sobre la tierra y dichoso sobre el cielo que es donde el que ha obrado bien recibe su recompensa. 

Pausianas fue el segundo en hablar. Vinculó el amor con la belleza y lo relacionó con las dos Afroditas; distinguiendo la sensual, que es la popular y se dirige a los sentidos y la celeste que se dirige a la inteligencia. A la primera la calificó de vergonzosa y la segunda de honrada. Para Pausianas el amante debe amar el alma porque en ella encontrará la virtud. 

El médico Eriximaco comparte la reflexión anterior descrita por Pausianas, pero va más lejos, para él, el amor no reside solo en el alma de los hombres sino en todas partes, y en la unión y armonía de los contrarios se halla el verdadero amor. Cabe recordar que con el tiempo esta unión o conciliación de los contrarios será un concepto fundamental en la llamada Filosofia Perenne. (Yin-Yang, Alquimia, la conciliación con la sombra de Jung…) 

Para Agatón el amor es el más dichoso de los dioses porque es el más bello y es eternamente joven. También lo considera el más justo porque nunca ofende y el más moderado porque domina los placeres. 

En último lugar toma la palabra Sócrates que afirmó que el Amor no es bello porque solo se desea lo que no se tiene y por tanto tampoco es bueno puesto que lo bueno es inseparable de lo bello. Al no ser bueno ni bello en ningún caso puede ser un dios ya que los dioses siempre son buenos y bellos. Para Sócrates el Amor es un ser intermedio entre lo inmortal y lo mortal, por tanto es un daimon, un mediador entre los dioses y los hombres. Su misión es mantener la armonía entre las esferas contrarias, la divina y la terrestre, es el lazo que une el gran todo. Esto equivale a decir que el hombre por el esfuerzo del Amor, se eleva hasta Dios. 

En este camino hacia el fin supremo Platón distingue tres grados. En primer lugar el hombre poseído por el amor se encanta por un cuerpo bello y después por todos los cuerpos bellos. En el segundo grado se enamora de las almas más bellas y de todo lo bello que hay en ellas. En el tercer grado pasa de la esfera de las acciones a la esfera de la inteligencia donde se siente enamorado de todas las ciencias, destacando de todas ellas la ciencia de lo Bello cuyo conocimiento es la perfección del amor puesto que esta Belleza es la eterna, la real y la divina, y de la que todas las demás son su reflejo. El hombre que puede llegar a contemplarla es el verdaderamente dichoso e inmortal. 



Bibliografia: 

Diálogos de Platón 

Colección La Palma Viajera 

Editorial Los Libros de Plon

Traducción y notas de Patricio de Azcarate