LA LIBERTAD


Voy a leer unas palabras sobre el tema LA LIBERTAD, como me fue indicado en la última tenida ordinaria, y espero y deseo resultar lo más ameno posible. 

En un principio se me plantearon diversas dudas a la hora de abordar un tema como el propuesto, no en vano un concepto tan amplio y extenso no resulta fácil de resumir en pocas palabras y además es difícil decidirse por el contexto en el que desarrollar el tema; por lo que decidí, como es habitual en mi, tomarme un tiempo, meditarlo y esperar ese acontecimiento, nunca casual, que de pronto determina nuestra voluntad en un sentido concreto. 

Bien pues días después, y buscando algo sobre el tema, releí nuevamente el libro de Aldo Lavagnini El Manual del Aprendiz, y de pronto se produjo la concreción de aquello que rondaba mi pensamiento desde hacía días, efectivamente como muy bien nos dice el autor sobre la divisa masónica LIBERTAD-IGUALDAD-FRATERNIDAD (pág 116-117), la libertad se puede interpretar, al menos, en dos sentidos diferentes. 

En un sentido que el autor nos titula de profano, la podemos entender como aquella que conceden o limitan las leyes de la sociedad. Mientras que en un sentido que nos titula de iniciático, la identifica con una adquisición o logro interior que se adquiere en la búsqueda de la verdad y esforzándonos en el camino de la virtud. 

Claro que es así, lo que ocurre es que las cosas no son o blanco o negro, existen una multitud de matices de diferentes grises entre un extremo y el otro, o para decirlo de otra manera, entre una cara de una moneda y la otra existe como mínimo la moneda misma, conformando un todo continuo; lo que quiero decir es que precisamente como iniciados no podemos caer en la tentación de conformar dos mundos separados como esas dos caras de la moneda, los mundos no están separados, sino que conforman un todo único, independientemente de que nosotros nos estemos refiriendo a una u otra manifestación de ese mundo. 

Así la libertad es un todo continuo desde la libertad en su manifestación más simple, que sería en este caso la que nos es conferida o reconocida por las leyes y el orden social, y esa otra que se constituye más bien como un logro a conseguir por el iniciado en el camino de la realización personal. De esta manera estaríamos hablando más bien de dos manifestaciones distintas de la misma cosa. 

Ahora bien, si es cierto que existe una diferencia esencial entre esas dos caras de la misma moneda, y es que la primera manifestación de la libertad nos acerca al mundo de la acción, es el poder hacer, el poder ir, es la manifestación externa de nuestra voluntad que de esta manera entra en relación con las otras voluntades, es decir nuestros semejantes, y que como tal acción, tal y como nos enseña el kybalion, se va a traducir en una reacción, dicho de otro modo, que esa acción tendrá unos efectos, unas consecuencias. Mientras que la otra manifestación se produce en el plano interno, es decir, en el de la formación de esa voluntad que luego se manifestará, en un plano que no tiene consecuencias directas en el mundo exterior, puesto que todo ocurre antes de la manifestación del acto. 

Ahora bien, lo anterior no quiere decir que ambas libertades no estén relacionadas una con la otra, muy al contrario la manifestación externa no es sino la concreción de lo querido interiormente y por tanto es consecuencia de la libertad de decisión que tenemos. 

Karl G. Jung, en su obra Arquetipos e inconsciente colectivo, en la pág. 153, nos dice: “aquel que sabe que de él depende algo, o que por lo menos algo debería depender, se siente responsable de su situación anímica y tanto más cuanto más claro ve cómo debería ser para llegar a ser más sano, más estable y más apto... El hombre-masa, por lo contrario, tiene la prerrogativa de ser siempre totalmente inocente de las catástrofes políticas y sociales en las que todo el mundo queda comprometido. Y así, nada le quedará como balance final mientras que el otro tipo de hombre, en cambio, tiene la posibilidad de encontrar una posición espiritual ventajosa, un reino que no es de este mundo”. 

Por eso precisamente la referencia de Aldo Lavagnini a la libertad del iniciado, fruto no de las leyes sino de la voluntad y la conciencia. Por eso tradicionalmente las acciones son reguladas por el Derecho, y los pensamientos por la ética y la moral. 

El iniciado es plenamente conocedor de estas circunstancias y plenamente consciente de las contradicciones que se producen en el interior del hombre, por eso precisamente es plenamente libre lo que implica que es plenamente responsable ante los demás y sobre todo ante sí mismo. 

Ved sino hermanos que en el Génesis se nos dice que la Divinidad hizo al hombre libre, y por tanto dotado de capacidad de decisión, capaz por tanto de optar por lo correcto aquello que de alguna manera nos dignifica y nos ayuda a realizarnos como seres humanos, y también capaz de optar por lo contrario, lo que nos degenera y nos aleja de ese ideal; tal vez por ello casi la primera decisión que tomó el hombre, según el Génesis, fue transgredir una norma externa a su voluntad, es decir quebrantar una prohibición, realizar aquello que no esta permitido por la ley, pero hermanos el hombre en ningún momento dejó de ser un ser libre, puesto que fue creado como tal y no puede escapar a su condición. 

La falta no nos hace menos libres, tampoco el desear lo prohibido; lo primero tan sólo nos hace menos dignos y lo segundo menos felices. 

El G:.A:. en su sabiduría nos hizo libres, pudiendo haber creado unos seres perfectamente obedientes e incapaces de cualquier acción trasgresora, nos dotó de voluntad propia y capacidad para hacer a nuestro libre albedrío; tal vez para que precisamente la realización del bien tuviera mérito, porque qué mérito puede haber en hacer el bien si no puedes hacer otra cosa... 

Por eso el masón sabe que es un ser libre, y esa libertad le lleva al entendimiento de que los demás también son libres y por tanto sus iguales, lo que nos lleva a la segunda divisa la IGUALDAD; y una y otra le conducen a vivir que su igual le hace el bien y no el mal porque así lo quiere, lo que nos conduce a la tercera divisa LA FRATERNIDAD. 

Por eso Hermanos la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad son divisa del Masón y de todo ser bien nacido, pero para el Masón además constituye una obligación.

LA ESTRELLA FLAMIGERA


Hoy me he planteado hablaros de la estrella flamígera, el tema ha sido elegido de entre los de segundo grado por indicación de nuestro respetado hermano J. R. V., algo tuvo que ver también nuestro Venerable, y todo ello como trabajo a realizar para un posible aumento de salario del que os habla. 

Lamento el decirlo, pero yo no acabo de entender plenamente lo de trabajos en primer o segundo grado, a no ser que se refiera al uso de unos símbolos u otros, es decir, como ya sabéis todos vosotros, del número tres, el mandil, el mallete y el cincel y otros en primer grado; mientras que en segundo grado deberíamos usar como símbolos el número cinco, la regla, el compás, etc…, pero para mí no tiene excesivo sentido, salvando la parte que ha de ser ocultada al Aprendiz puesto que forma parte de un ritual que no debe conocer para que pueda vivirlo plenamente el día que le sea otorgado; sin embargo otras cuestiones como las herramientas o los números son plenamente conocidos de los aprendices, tal vez no en la dimensión que corresponde a un segundo grado, pero a su nivel ya los conocen. 

Lo cierto es que si hay un símbolo que en primer grado no se conoce de ninguna manera y que es mostrado en el paso de grado, ese es la estrella flamígera, elemento que de alguna manera creo que recoge la mayor carga en cuanto a simbolismo y por supuesto no podría ser de otra manera dado el lugar que ocupa en el ritual siendo elemento distintivo del grado, “he visto la estrella flamígera” decimos al ser interrogados sobre nuestro grado, pero además es significativa la ubicación física del símbolo en el taller, preside el lugar y preside el ritual. 

El símbolo parece estar compuesto de dos elementos una estrella de cinco puntas o pentáculo y las flamas, si bien, se me antoja que ambos dos constituyen un todo único diferenciado de los elementos que lo conforman, me explico: 

Existiría un elemento conformado por el signo del pentagrama que es el símbolo del hombre, aunque que duda cabe que esta palabra puede ser usada en múltiples sentidos y aquí trataremos de adivinar el que parece más adecuado. El pentagrama expresa la dominación del espíritu sobre los elementos y es por este signo como el ocultista francés Eliphas Levi enseña que se encadena a las entidades maléficas del aire y del fuego, a los espectros del agua y a otras potencias de la tierra. Es el signo del microcosmos. Se ha dicho que su completa inteligencia es la clave de los mundos. Es la filosofía y la ciencia natural absolutas, pues lo sobrenatural no es otra cosa que lo natural extraordinario o lo natural exaltado, o quintaesenciado. 

El otro elemento son las flamas o llamas, su naturaleza es evidente, representan el fuego, elemento purificador y esencial en el Opus Alquímico, ese fuego abrasador y destructor y al mismo tiempo purificador que nos permite sublimar la materia prima, su régimen es clave en la Magna Obra "Separa la tierra del fuego y lo fino de lo grueso, suavemente y con todo cuidado” nos dirá Hermes en la Tabla Esmeraldina. 

He aquí sin embargo que en el símbolo que contemplamos, ambos signos se nos presentan juntos, formando en su conjunto un símbolo que ha de tener un sentido propio y distinto al de sus partes, como toda triada algo conservará de sus progenitores pero nos conducirá a un nuevo sentido. De esta manera al unir al pentáculo las llamas, la idea de regeneración, de sublimación se refuerza y expande alcanzando un nuevo sentido, es así el símbolo del hombre quintaesenciado, el Hombre con mayúsculas dirán algunos para diferenciarlo del sentido común o vulgar de la palabra hombre. 

Pero veamos hermanos ¿qué ha ocurrido? ¿Qué fenómeno se ha producido que lo ha cambiado todo de pronto?, hemos pasado del SOLVE al COAGULA. En el antiguo Egipto, en la noche de los tiempos; nos dice Marsham Adams que en el interior de la Gran Pirámide se seguía un ritual en el que el neófito pasaba por una serie de pruebas, así debía ser iniciado por la tierra, lavado por el agua, purificado por el fuego, justificado… significando en definitiva la conversión del neófito en iniciado, después en adepto, hasta alcanzar la iluminación y por último la visión. Ni que decir tiene que en sus formas poco o nada tiene que ver ese ritual con el que nosotros vivimos en este Taller, pero en esencia no son distintos, pues no es sino a través del conocimiento de nosotros mismos como pretendemos mejorarnos, y el Taller y la tradición nos enseñan que es a través de rituales de iniciación como se logra la “receptividad” precisa para que se abran las entendederas de nuestras mentes endurecidas, para poder oír, ver, tocar, olfatear y gustar no con los sentidos corporales sino con y desde el corazón. Hermanos es de fuerza mayor en segundo grado el responderse a los interrogantes que el Yo Interno formula y que el Yo Superior ya conoce, es así la Ley. Recordar que sólo la Luz Interna puede traer a una persona hasta la Gran Luz. Sólo podemos recibir aquello que deseamos recibir. La Ley de la Iniciación es inexorable. Sólo el iniciado en los Misterios Menores puede ser llamado a celebrar los Misterios Mayores. 

Cualquier ritual de consagración de cada una de las siete salas de la Pirámide se practicaba pentagramáticamente, es decir a través del pentagrama en el que cada uno de los brazos corresponde a un elemento-punto cardinal, a fin de que la orientación fuese: 

Aire -- Este 

Fuego - Sur 

Agua -- Oeste 

Tierra - Norte 

Akasha o Espíritu o Eter -- Centro 

El Maestro de los Lugares Ocultos descorría el velo del oculto santuario, sencillamente, revelaba la santidad de los misterios, en último caso, para evitar su profanación. 

Pero para que el iniciado tuviera conciencia y se operase en él la transformación, precisaba de las operaciones mágicas, que no son ni más ni menos que el ejercicio de un poder natural, pero superior a las fuerzas ordinarias de la naturaleza. Todas las facultades y sentidos tomaban parte de la obra. Era preciso determinar la voluntad por la palabra y cumplir las palabras por hechos. Era preciso traducir la idea mágica en luz para los ojos, en armonía para los oídos, en perfume para el olfato y en formas suaves para el tacto. Por ello el Maestro de los Lugares Ocultos realizaba con toda su vida lo que quería realizar en las cámaras piramidales. Se convertía en imán para atraer todo lo que deseaba. 

Quiero traer también una mención a otra tradición de una profundidad increíble como es la Kabalah Hebrea, en la que el pentagrama ocupa un lugar significado en la visión del árbol y que contemplaremos en el ritual menor del Pentagrama, y muy apropiado sería, por las expresiones que contiene el de la Cruz Kabalística. Este ritual consiste en: 

a) Tocarse la frente diciendo Ah-teh (tu eres) 

b) Tocarse el pecho diciendo Mal-Kuth (el reino) 

c) Tocarse el hombro derecho diciendo Ve-geb-or-rah (el poder). 

d) Tocarse el hombro izquierdo diciendo Ve-ged-u-lah (la gloria) 

e) Cruzar las manos sobre el pecho y decir LE-OLAN A-MEN 

Pero sigo dando vueltas al tema y no acabo de concretar lo que intento decir, en clave de segundo grado la estrella flamígera representa el punto de unión entre mente y espíritu, iniciado y agente mágico, una vez más el punto central equilibrante de la armonía universal, con una pequeña salvedad, hermano ese punto central está en ti, piensa en lo que ahora te he dicho. 

Tal vez lo difícil del tema sea no contemplar el símbolo sino hacernos partícipes de él que parece ser a lo que se nos invita, trabajo difícil que debemos afrontar, puede que nos ocurra como a aquel del que nos habla una tradición oriental que dice que: 

“Un Maestro mantuvo a su chela, que con frecuencia le pedía la luz, debajo del agua hasta que estuvo medio ahogado. Al sacarlo le dijo que el día en que deseara tan fervientemente la Luz, como había deseado el aire, que la recibiría”. La luz, la iniciación solo se adquiere mediante la fortaleza de deseo y el servicio a los hermanos. 

No quiero hoy hermanos amargaros la tarde hablándoos de los sinsabores que conlleva el recorrer el Sendero, y es preciso recorrerlo, y en grupo, pues en solitario resulta casi imposible. Claro está que muchísimas enseñanzas de los Misterios Menores son expuestas libremente en multitud de publicaciones que pueden ser leídas a la luz de la lámpara junto a una buena calefacción, pero eso no es recorrer el Sendero, el Sendero es recorrido en el viento y la oscuridad de los áridos pasajes del desasosiego, del sacrificio, del alma, pues el Sendero está dentro y conduce desde la conciencia cerebral, a través de la subconsciencia, hasta la supraconciencia, hasta lo más profundo de la conciencia del corazón, la morada de Osiris. 


Por ti y para ti, en tu recuerdo siempre, porque te he visto en mí.

EL CUATRO


Lo cierto es que no tenía pensado hacer una plancha con este título, pero ciertos acontecimientos vividos tras la lectura de la magnífica plancha sobre el tres con que nos obsequió nuestro Q.·. H.·. MEMFIS, me han llevado a intentar hablar sobre el enigmático número cuatro y digo enigmático puesto que parece como si no tuviera la importancia o trascendencia de los tres primeros números, pero nada más lejos de la realidad pues es realmente en el cuatro en el que toda la potencialidad del uno se plasma y se hace realidad. 

En nuestro rito parece como un número inexistente o cuanto menos poco importante, al menos no se le da la importancia que le otorgamos al tres omnipresente por doquier, los pasos del aprendiz, la triple batería, las tres luces, el delta sagrado que como símbolo del G.·.A.·.D.·.U.·. preside nuestros trabajos y nuestro Taller, etc… 

Como digo el cuatro parece no estar presente y no es cierto, pensemos por ejemplo en la forma en que se configura el Templo, o acaso no nos hemos dado cuenta de que tiene forma rectangular, pensemos también en la disposición que ocupamos en el Taller, situados conforme a los cuatro puntos cardinales el Venerable en el Oriente, el Primer Vigilante en el Occidente, el Segundo Vigilante en el Sur y los Aprendices en el Norte. 

Tampoco el número cuatro ha pasado desapercibido en las distintas tradiciones, en el cristianismo pensemos hermanos en los cuatro ríos que nacían en el Paraíso Bíblico, o en las cuatro Santas Criaturas Vivientes del Apocalipsis, por no citar a los cuatro jinetes del Apocalipsis del día del Armagedón. En Egipto lleno de tríadas como ya sabemos o de Enéadas que a fin de cuentas no son más que la unión de tres triadas, también el cuatro hace su presencia, por ejemplo en la octoada de Hermópolis, la ciudad donde nace el sol por primera vez, compuesta de dos parejas de cuatro ranas hembras y cuatro serpientes macho, o en la pirámide con sus cuatro caras dobles o sobre todo en la esfinge con sus garras de león, cuerpo de toro, alas de águila y cabeza de hombre, simbolizando a los cuatro elementos, el león el fuego, el toro la tierra, el águila el aire y el hombre el agua; elementos que como ya explicaba hace años en una plancha, eran simbolizados también por los cuatro dioses hermanos, Osiris el Agua, Isis la Tierra, Neftis el Aire y Set el Fuego. Pensemos también en los cuatro elementos herméticos en la alquimia tan presente en los símbolos de la cámara de reflexión. 

El cuatro en suma no nos es extraño a pesar de no corresponder a un número propio de un grado como lo es el tres del de Aprendiz o el cinco del de Compañero, se encuentra presente de forma más o menos explícita en torno nuestro. 

Dicho lo anterior quisiera hablaros de mi concepción del número cuatro que podemos asimilar a la tetratkis Pitagórica y que constituye el número perfecto pues de la suma de las cifras de los cuatro primeros números 1+2+3+4=10 obtenemos el primer número de dos cifras, el 10 equivalente del punto y el círculo con los que en la antigüedad más remota se representaba al creador. 

Permitidme pues que haga uso de una tradición que me resulta próxima para que me sirva de vehículo que permita verbalizar la idea que intento transmitir, es decir, dejadme usar símbolos que me resultan conocidos ya que encierran en si mismos mucho más de lo que expresan las simples palabras. 

Tal vez la plasmación de la idea del cuatro que nos resulta más conocida y al mismo tiempo más incomprensible sea el tetragrama divino, es decir las cuatro letras Hebreas con las que se escribe el nombre de Dios, como todos sabéis el יהדה, conformado por cuatro letras de las que una se repite, cuatro letras de las que la primera es un punto suspendido en el aire y cuyo valor numérico es 10. Hay que tener en cuenta que en Hebreo se escribe de derecha a izquierda, por lo que la primera letra es la situada a la derecha del tetragrama, la letra Iod. 

Pues bien de esta manera podemos entender la afirmación que nos dice que el cuatro reconduce todo a la unidad pues el diez, potencia de cuatro, expresa la realidad del uno en toda la creación, tanto en lo visible como en lo invisible. 

Pero para entender el cuatro en toda su dimensión hay que hacerlo en función del tres, lo que conforma el conjunto de los tres principios en los cuatro elementos herméticos y todo junto la maravilla del septenario, el número mágico por excelencia, el número de la Menorah Hebrea y que se corresponde con las siete sephiras inferiores del árbol cabalístico. 

Me gustaría concluir como es mi costumbre con unas palabras de una gran iniciada, Elena Petrovna Blabatski, reconocida por todo el movimiento teosófico, y que nos afirma hablando del tetragrama divino, conocido por el nombre de tetragrámaton que es doble, el primer tetragrámaton es el Macroprosopus el uno eternamente oculto, El Padre, una emanación de la luz eterna, es la figura geométrica ideal del cuadrado formado por cuatro líneas imaginarias, como nada que encierra nada. Mientras que el segundo tetragramatón es el Microprosopus, el hijo o logos, es decir el triángulo en el cuadrado. 

Espero que lo dicho nos permita meditar sobre este mundo eminentemente mágico, entendiendo la magia en su correcto sentido, es decir como el uso de la razón de una forma inspirada, como la luz de la razón. Nada más propio en este nuestro Templo, representación simbólica de otro, el de Salomón; pues nos dice una máxima del Kybalión que “Mas allá del Kosmos, del Tiempo, del Espacio, de todo cuanto se mueve y cambia, se encuentra la realidad sustancial, la Verdad Fundamental”.-

Las tres columnas


Hoy pretendo hablar sobre las tres columnas que podemos encontrar en el centro del taller, bordeando el cuadro de logia, correspondiendo cada una de ellas a un estilo arquitectónico y con diferentes conceptos que les son asimilados y que como todos ya sabéis son: 

La columna de la Sabiduría situada en el oriente, correspondiendo al lugar que ocupa el Venerable Maestro en la Logia. 

La columna de la Fuerza, situada en el occidente lugar que ocupa el primer vigilante en la logia. 

La columna de la Belleza, situada al Sur, lugar que ocupa el Segundo Vigilante en la Logia. 

Son y constituyen una representación simbólica más de las tres luces que brillan en el templo, como lo son la escuadra, el compás y el libro de la Ley Sagrada, el Venerable y los dos Vigilantes. Ese tres tan presente en el grado de aprendiz y en la triple divisa masónica. 

Pero fiel a mi querencia, quiero hablar hoy de las tres columnas desde otra perspectiva y quiero hacerlo desde la concepción del antiguo Egipto, en la época del Imperio Antiguo y concretamente en la contemplación de la tríada de la ciudad de Menfis, que no en vano era la capital del Imperio en esa época. 

Pues bien, en la cosmogonía de Menfis se rinde tributo a la trilogía Ptah, Sekmet y Nefertum. Ptah creador por el pensamiento aparece como maestro de los artesanos y los artistas, representa el fuego oscuro el que se engendra en el seno de la tierra y que forja los tesoros más bellos, los metales. En su versión de Osiris-Ptah, pronuncia las palabras divinas que al comienzo del mundo dieron vida a los dioses. Ptah aparece como el Osiris momificado, dios del pensamiento poderoso que no precisa moverse para animar la creación, su esposa Sekmet, con cara de leona, es la representación de la voluntad y de la fuerza, era la ejecutora en la tierra de los designios divinos, simboliza el destino como la ley de la causa y el efecto y pensad que para los Egipcios, ninguna acción escapaba a la memoria de la naturaleza y siempre producía una reacción contra el que la había provocado. De la unión de Ptah y Sekmet nacerá Nefertum, el bello movimiento, dios eternamente joven, cuyo tocado es una flor de loto, es el universo, es la obra alquímica, es el oro incorruptible que los griegos llamaron la Afrodita de oro, es el misterio de la eterna juventud, es el sencillo misterio de la inmortalidad del alma que con el mito de Osiris es creencia generalizada. El hombre purificado por el fuego vuelve a encontrar en sí mismo, esta fuente inagotable de energía que se llama Nefertum. 

Ved HH. que nos hemos referido en un sentido simbólico a las tres columnas que contemplamos en el centro de nuestro templo, físicamente delante nuestro e idealmente en nuestro templo interior. Así las tres columnas pasan a constituir un todo armónico en el proceso de nuestro crecimiento interior tanto personal, como mental o espiritual, es más diría yo que representan las tres fases del Opus Alquímico, en definitiva de la Iniciación. 

Por si aún alimentamos alguna duda acerca de lo que estamos hablando os diré que, en época muy posterior a los tiempos del máximo esplendor de Menfis, en la XXV Dinastía, ya en el Imperio Nuevo, se representó al arquitecto Imhotep, un hombre como tu y como yo, en la posición de Nefertum, es decir, un arquitecto como hijo del arquitecto del Universo Ptah. 

Hermanos es como mínimo interesante aunque a mi se me antoja más bien apasionante.....

Solve et coagula


Solve et coagula es una antigua máxima de la alquimia, "disolver y coagular", y significa que algo debe ser primero descompuesto o destruido para poder luego poder componer o construir algo nuevo. El alquimista, con su operación, abre la tierra para extraer de ella los metales; a esta operación se le denomina la disolución (solve). Después les da forma con el mismo fuego, mediante el Arte (coagula)

Los alquimistas entendían la expresión "Solve et coagula" tanto en su sentido literal como metafísico. Para crear nuevas sustancias, era necesario descomponer las existentes. Por ejemplo fundir metales para crear una nueva aleación. Pero la transmutación de metales era también entendida como una analogía de la transmutación personal y espiritual de una persona hacia la perfección. Para crear un hombre nuevo era necesario destruir al anterior.


Es necesario que el cuerpo perezca y que muera, si se quiere extraer el alma que aquel tenía encerrada. Y de esta quinta esencia trasvasada a un cuerpo puro, fijo perfectamente conocido, nacerá una nueva criatura, más resplandeciente que cualquiera de aquellas de quienes procede.

Esta cita de Fulcanelli hace referencia a la obra alquímica que consiste en separar la luz de la oscuridad que la vela, y concentrar o coagular esta luz en un cuerpo puro. Así pues podemos resumir que el hombre debe desembarazarse de la corteza que le cubre desde la caída origínal, sólo así podrá librarse del hombre viejo para dar lugar al nacimiento del hombre nuevo.

AXIS MUNDI


Las llamadas comunidades arcaicas convivían bajo una concepción animista del mundo que habitaban. Creían en una trascendencia en la que los ancestros y el chamán tenían un papel fundamental. El chamán era el mago, el médico, el psicopompo y guía espiritual. De su universo simbólico podemos destacar la iniciación que le capacitaba para ejercer su función y el tótem como símbolo del viaje chamánico a través del Cielo, Tierra e Infierno. 

Pasados los milenios podemos constatar que este arcaico simbolismo del chamán se ha globalizado y ha permanecido presente hasta nuestros días. Sin duda con el devenir del tiempo y las aculturaciones el simbolismo se ha enriquecido, pero en ningún caso ha cambiado su sentido sagrado. Con la llegada del Neolítico el misterio del “nacimiento-muerte-renacimiento” encuentra su expresión en los ciclos naturales de la agricultura que serán la base en la que se inspirarán los misterios antiguos, como los de Eleusis que según J. Campbell instruyen sobre “la muerte de la naturaleza animal del hombre y la resurrección de su naturaleza espiritual”. Los nuevos dioses sustituyen al antiguo fuego chamánico y ellos serán los nuevos psicopompos que viajaran del Olimpo al Hades y tendrán potestad sobre el destino de los humanos. Por su parte, el tótem chamánico ha sido renombrado como el lingam de Shiva o el “Axis Mundi”. 

Podemos destacar las semejanzas entre el mito de Deméter y Demofón con el que nos cuenta Plutarco cuando la diosa Isis también fracasó en el intento de inmortalizar, a través del fuego, al hijo de Astarté. Este fuego purificador, al igual que el de la Hoguera de Heracles, pretendía eliminar los atributos “titánicos” de los hombres que les privaban de la inmortalidad. Ante tal fracaso Demeter/Isis instaura los Misterios que permitirán sobrevivir al hombre en su descenso al Hades. 

La “Félix Culpa” cristiana también evoca este viaje en el que Jesús desciende al infierno para liberar a Adán, a Abraham y al resto de patriarcas, profetas y justos del Antiguo Testamento que esperaban su liberación a través de la redención de Cristo, que nació por medio de la Virgen María. Este camino de retorno, el retorno del hombre-dios, fue posible porqué primero existió una separación inducida por la expulsión del Paraíso. 

Deméter, Isis, Atenea, María se nos aparecen como salvadoras o mediadoras entre Dios y el hombre, son el principio femenino, el eje horizontal que permitirá al hombre regresar al centro de la cruz. 

Podemos interpretar que el eje vertical de la Cruz, el tótem del chamán, el Axis Mundi o el obelisco egipcio conectan el Centro de la Tierra con el Cielo. Las raíces del Árbol del Mundo descansan en el Infierno, el tronco emerge en la Tierra y su copa alcanza el Cielo. Este es el eje por el transita el chamán en su cualidad de psicopompo. 

Los hombres, hijos de la creación, pueden transitar por el eje horizontal, desde el exterior hacia el interior, en un viaje iniciático de retorno al centro a través del principio femenino que permite el nacimiento, la muerte y el renacimiento

SÍMBOLOS DEL RETORNO


En el transitar del camino de retorno a la Unidad el hombre descubre en la naturaleza unos símbolos que dan respuesta a su existencia. En la raíces del árbol que se hunden en el inframundo encuentra el mundo de los muertos, en el tronco la vida y en su copa la trascendencia. 

La montaña que emerge de lo más bajo a lo más alto representa la ascensión que debe seguir en su viaje de retorno al Cielo, siendo consciente que ésta no será tan fácil como la del chamán ni la de los grandes iniciados puesto que el camino es un laberinto lleno de peligros y dificultades. 

A partir del estudio de las principales figuras geométricas y de la numerología el hombre asume la idea del centro (el 1) cómo origen de todo lo creado. Desde el punto central se crea la circunferencia (el 2 cómo desdoblamiento del 1, dualidad), y de él surgen los radios de la rueda de la vida que unen el Creador con la creación y que son camino de ida y vuelta (el 3, la tríada resultante de la dualidad). 

El círculo también evoca la bóveda celeste, y por tanto el Cielo que simbólicamente encontramos en las cúpulas y portadas de muchos templos descansando sobre una base cuadrada (el 4) que representa la Tierra, lo creado. En la unión del Cielo y la Tierra encontramos, la cruz que representa al iniciado (el 5 como suma de 4 +1, cuaternario + centro). 

El punto central de la cruz, personalizado por Jesucristo, guarda relación con la conciliación de los opuestos, de la misma manera que encontramos esta conciliación en el símbolo del sello de Salomón, con la unión de los dos triángulos invertidos. 

Los símbolos y números estudiados nos revelan al Dios creador cómo Centro, Principio y Fin.

En la plancha anterior (Axis Mundi) apuntábamos:

“Podemos interpretar que el eje vertical de la Cruz, el tótem del chamán, el Axis Mundi o el obelisco egipcio conectan el Centro de la Tierra con el Cielo. Las raíces del Árbol del Mundo descansan en el Infierno, el tronco emerge en la Tierra y su copa alcanza el Cielo. Este es el eje por el transita el chamán en su cualidad de psicopompo. 

Los hombres, hijos de la creación, pueden transitar por el eje horizontal, desde el exterior hacia el interior, en un viaje iniciático de retorno al centro a través del principio femenino que permite el nacimiento, la muerte y el renacimiento.”

El hombre, a partir del simbolismo del número 5 representado por el centro de la cruz, también descubre que su misión es transitar por los dos ejes o planos: el horizontal, afín a su naturaleza material y caduca, corresponde al deber de contribuir al mejoramiento de la sociedad que habita; el vertical, afín a su condición espiritual y perenne, le anuncia la ascensión metafísica que debe emprender.